A los cincuenta el pelo no se estropea: se vuelve más fino, llegan las canas y las gafas cambian dónde cae la mirada. Eso no cambia tu cara — cambia qué formas y qué tonos siguen funcionando en ella. Aquí no hay galería de mujeres ajenas: el corte se dibuja sobre tu foto y el color se calcula con los píxeles de tu piel. El primer ejemplo es gratis y sin registro.
Tres cosas cambian a la vez, y por eso el corte de siempre deja de sentar igual. El pelo pierde grosor, así que el mismo largo pesa más y se aplasta en la coronilla. Las canas no solo aclaran: la fibra es más áspera, refleja la luz de otra manera y baja el contraste entre la cara y el pelo.
Las gafas son el tercer factor, y el que más se olvida. La montura pone una línea horizontal a media cara; un flequillo denso justo encima la duplica, y entre las dos líneas la frente desaparece. Con montura fina o al aire la cuenta es distinta.
La media melena a la altura de la mandíbula es lo que más se pide, y con motivo: quita peso justo donde el pelo fino empieza a colgar y devuelve movimiento a la raíz. Pero «media melena» son diez cortes distintos según dónde acabe — un centímetro por encima o por debajo del mentón cambia la cara entera.
La melena larga no está prohibida a ninguna edad; lo que decide es la densidad de las puntas. Si el pelo llega fino al final, unas capas altas devuelven la forma; si no las lleva, el largo se lee como cansancio y no como melena.
El pixie y el corte corto abren el cuello y suben la mirada, pero también dejan la cara sin marco: hay quien se ve mejor así y quien se siente desnuda. Eso no lo resuelve ninguna regla — se resuelve mirándolo, y mejor antes de las tijeras que después.
Cara redonda, alargada, cuadrada: la regla general dice la mitad. La otra mitad la ponen el cuello, la línea de la mandíbula y las gafas que llevas cada día. El mismo bob afila una cara ancha y hunde una alargada; el mismo flequillo abre una frente alta y aplasta una baja.
Por eso aquí no te damos una tabla: subes tu foto y ves la forma sobre tu cara. Un detalle honesto — el probador dibuja el pelo, no la montura: si las gafas salen distintas a las tuyas, mira la línea del corte y no los cristales.
Ningún tono quita años por sí solo. Lo que cambia la cara es el CONTRASTE entre el pelo y la piel: con los años la piel pierde color y las canas bajan ese contraste, y un tinte muy oscuro lo sube de golpe — entonces cada línea de la cara se dibuja con más fuerza. Por eso el negro plano suele leerse duro, y no porque el negro sea «de jóvenes».
Lo que sí funciona se puede decir en tres frases: quedarse a uno o dos niveles de tu base en vez de saltar cinco; respetar el subtono (cálido con dorados, miel y cobres; frío con cenizas y perlados); y llevar los tonos más claros cerca de la cara, donde devuelven luz. Un dorado sobre piel fría amarillea, una ceniza sobre piel cálida apaga — y eso pasa a los treinta igual que a los sesenta.
Las canas no son un problema que resolver: son el dato de partida. Con ellas el contraste es bajo, y eso decide qué funciona — no si tienes derecho a llevarlas. Cubrirlas, mezclarlas o dejarlas es una elección tuya; lo único que cambia es qué tono acompaña a cada una.
El veredicto de color es gratis y no pide registro: el cálculo se hace en tu propio móvil, dentro del navegador, y esa foto no sale de ahí. El primer peinado también es gratis — ese sí se envía una vez para dibujarlo, y solo cuando tú lo pides.
Después, paquetes de 3, 5 u 8 peinados desde 15 €: pago único, sin suscripción, no se cobra nada más. El análisis de color completo cuesta 44 € y trae tu paleta con el probador de tienda: fotografías una prenda en la percha y ves si es tu color o te apaga. Las imágenes terminadas se guardan 30 días.
La mitad de las decisiones de esta página son de color, no de tijera: qué tono acompaña a tus canas, qué gris te sirve, qué metal llevar cerca de la cara. Eso se mide con un selfie, en 40 segundos y gratis.
La media melena, el pixie, el flequillo cortina o las ondas se prueban igual, sobre tu cara y con tu color. Y si el año trae boda de un hijo o de una hija, los recogidos y semirrecogidos se eligen del mismo modo: en tu foto, antes de la prueba en el salón.
No hay uno solo: dependen el largo, la densidad de las puntas y la forma de la cara, y esos tres datos son tuyos, no de la edad. La media melena a la altura de la mandíbula funciona a menudo porque quita peso donde el pelo fino cuelga. Lo demás se ve mejor probándolo: el primer peinado se dibuja sobre tu foto gratis, en un minuto aproximadamente.
Ninguno por sí solo — lo que cambia la cara es el contraste entre el pelo y la piel. Un tinte muy oscuro sobre piel clara sube ese contraste y marca más los rasgos; quedarse a uno o dos niveles de tu base y respetar el subtono suele leerse mejor que saltar cinco tonos. Sobre tu propia foto puedes comparar hasta tres colores antes de comprar el tinte.
Sí, y en canas el resultado se lee incluso mejor: con el contraste bajo se ve enseguida si el corte da forma a la cara o la deja plana. El color y la textura siguen siendo los tuyos — lo que cambia es la forma.
El test de color se calcula dentro de tu navegador y esa foto no se envía a ninguna parte. Para dibujar los peinados sí se envía, una sola vez y por una acción tuya, y no se usa para entrenar modelos; las imágenes terminadas se guardan 30 días. El detalle completo está en la política de privacidad, al final de la página.
Es una visualización aproximada, no una foto de salón: la forma del corte se ve con honestidad, mientras que los rasgos finos y la fidelidad del color dependen de la luz de tu selfie. No sustituye a tu peluquera ni garantiza lo que saldrá en el sillón — sirve para ir con una imagen concreta en la mano y decidir tú.