La misma cara se enciende con un tono y parece cansada con otro: aparecen ojeras, la piel se apaga. No es el ánimo ni la luz — es la relación entre el color y tu piel, y se puede medir. La calculamos con los píxeles de tu foto: el color real de la piel, los ojos y el pelo. El veredicto llega en 40 segundos y es gratis.
La colorimetría describe tres rasgos de tu aspecto, y son ellos los que deciden qué colores te favorecen: el subtono (cálido o frío), la profundidad (claro u oscuro) y el contraste (cuánto más clara es la cara que el pelo y las cejas). Los nombres de estaciones — «verano», «otoño» — son solo la forma corta de escribir esas tres medidas, no un tipo de carácter.
Por eso «al invierno le va el negro» no significa nada por sí solo: lo que importa es QUÉ negro — grafito frío o espresso cálido — y a qué distancia de la cara está.
Hace falta un selfie con luz de día — normal, sin filtros ni maquillaje marcado. El programa encuentra los puntos de la cara y toma de ahí el color: de la mejilla, del iris, de la raíz del pelo. Todo ocurre en tu propio móvil, en el navegador — la foto no se envía a ninguna parte.
Después los tres rasgos se calculan en números y de ahí sale la paleta: qué tonos despiertan la cara, cuáles la apagan y qué metal funciona, el oro o la plata.
El subtono es el matiz que hay bajo la piel — el que el bronceado no cambia. El subtono cálido se lleva bien con el oro, el caramelo y el cobre; el frío, con la plata, el gris y el beige sin amarillo. El subtono neutro abre las dos temperaturas, y entonces deciden la limpieza y la profundidad del color.
La prueba casera: las venas de la muñeca y dos camisetas, una blanco nieve y otra marfil. Es una orientación; la respuesta exacta la da la cámara, que lee el color de los píxeles y no se equivoca a ojo.
Saber tu colorimetría no significa cambiar el armario. Cambia una sola cosa: dejas de comprar a ciegas. Delante del perchero, la pregunta «¿es bonito?» se convierte en «¿me queda bien?», y esa respuesta ya la tienes.
Los colores se calculan con los píxeles reales de tu imagen, no con un «tipo de cara». La precisión depende de la luz: una bombilla amarilla hará pasar una piel cálida por fría, por eso importa la luz de día. Es un consejo sacado de una foto, no una sentencia — la decisión final es tuya, frente al espejo.
Sobre la misma foto se pueden probar peinados — te verás con media melena, con pixie o con ondas largas antes de decidir en la peluquería.
Sube un selfie hecho con luz de día — el veredicto (subtono, profundidad, contraste y tus primeros colores) llega en 40 segundos, gratis y sin registro. La foto se queda en tu móvil.
El veredicto nombra tu subtono y muestra algunos de tus colores. El análisis completo (44 €, pago único) trae una paleta de más de 30 tonos con sus códigos, la antipaleta, el labial y el colorete, oro o plata cerca de la cara, looks montados y un probador sin límite para comprobar cualquier prenda en la tienda.
Para el análisis de color, no. La foto se procesa en tu dispositivo, en el navegador, y no llega al servidor de la aplicación. Solo se envía la imagen del probador de peinados, y únicamente con tu acción explícita.
Los colores se leen de los píxeles reales de la imagen, así que la precisión depende de la iluminación. Una foto con luz de día da un resultado fiable; una bombilla amarilla o un filtro desplazan la temperatura. Es una orientación, no una sentencia.
No. Una sesión presencial cuesta bastante más y hay que pedir cita con semanas de antelación. Aquí el veredicto es gratis y el análisis completo es un pago único — sin suscripción y con devolución en 14 días.